miércoles, 31 de agosto de 2016

¿Corazón caprichoso o con necesidades?

Es bueno saber que todo, o parte de lo que has construído, sigue ahí, sigue en pie el edificio que más te ha costado edificar. Sonoros "el que sigue la consigue" azotan tu mente, motivo sin duda para estar orgulloso,¿no crees?

Todo lo que hemos construído fue porque en su día lo necesitábamos. Es una pena, pero es pura lógica; todo en esta vida se hace por algo. Existen razones por las que hemos querido ver ese gran muro en pie, y existen aún más razones por las que hemos querido que ese muro no se rompa, y menos que caiga.
¿Qué es más importante, querer algo, o necesitarlo? ¿Todo lo que queremos lo necesitamos? ¿Y si ahora os planteo la pregunta al contrario?
No hablo de "querer" en el sentido sentimental de la palabra. Nada de "te quieros" ni corazones...no hablo de ese tipo de querer.
Hablo de lo que quiere nuestro corazón. Y lo que quiere nuestro corazón no es otra cosa que lo que necesitamos para ser plenamente nosotros, para que no nos falte nada, para sentirnos vivos, llenos y poder edificar paso a paso, ladrillo a ladrillo y decepción a decepción ese famoso edificio del que os estoy hablando.

Por el contrario, lo que necesitamos no sabemos si es lo que realmente queremos. De ahí sale la experiencia; podemos necesitar tener un romance sin que eso sea lo que realmente queremos. Y una vez hayas tenido dicho romance te darás cuenta de que eso no es lo que querías. Tu corazón nunca te ha pedido eso, no era lo que buscabas.

Hay que controlar nuestros impulsos más íntimos, y con ello nuestros deseos. Me parece oir sabias palabras de que no por antes madrugar amanece más temprano.
Construyamos lo que realmente queremos, pero lo que realmente queremos de verdad.

viernes, 26 de agosto de 2016

El "no" en peligro de extinción

"Desde muchos puntos de vista, la vida es mucho más sencilla cuando se dice no"

                                     El despertar de la Señorita Prim
                         
Cuando dudas entre si te quiso o no, la respuesta es que no, no te quiso, y por favor, no te engañes. Igual que cuando cogemos por banda a una inocente margarita, a cuyos pétalos les asignamos el papel de videntes (¿quién no lo ha hecho alguna vez?); me quiere, no me quiere...me quiere, no me quiere...
La respuesta se vuelve a repetir, y de nuevo es un sonoro no.
Los "noes" a veces duelen, pero otras veces salvan vidas, y yo, personalmente, creo que el hecho de saber decir no está notablemente infravalorado.
El "no" cuando es sonoro, es rotundo, y lo rotundo es sinónimo de no haber dudas. Justo eso. En algo verdadero no puede, ni debe, haber dudas.

Pongamos un ejemplo:
- No hay duda de que España es un país europeo
- No hay duda de que por la noche el cielo se vuelve oscuro
- No hay duda de que el día tiene 24 horas

Las tres frases anteriores son verdades, nada polémicas, siento si os defraudo (he de decir que continuamente me dicen que mis ejemplos no son nada buenos ni acertados, pero bueno, hay que intentarlo).
Pues bien, en la verdad no hay duda. Y esto pasa cuando son verdades "como casas".

Cuando te encuentres ante una flecha llena de verdad, de claridad en forma de afirmaciones o negaciones rotundas, agárrala bien fuerte porque ha tirado a dar, y su blanco no ha sido otro que un acertado amor de verdad.

jueves, 25 de agosto de 2016

Con el mundo al revés, en el buen sentido de la palabra

Empiezo. No es fácil encontrar a alguien como tú, no todos los días alguien te hace soñar. No es sólo eso, no nos quedamos en los sueños, tú y yo los convertimos en realidad, una realidad incluso palpable y viva, más viva que nunca. Lo podemos resumir en una frase: tú y yo no tenemos límites, y si los tenemos, todavía no los conocemos. Y para ser sincera...creo que nunca llegaremos a conocerlos. He hablado de realidades vivas, porque - espero que no os extrañéis - también hay realidades muertas (1), de esas que podríamos denominar "realidades en stand by" y creedme, no queréis saber lo que es eso.
Eres la teoría aplicada a la práctica, y viceversa. Eres lo imposible, lo eres todo. Si todas las personas hiciesen las cosas tan fáciles como las haces tú, no existirían los desamores, ni la desilusión, ni mucho menos existirían las ganas de no tener, una vez más, el corazón roto. Contigo no hay ni surgen problemas, y ésto último es clave para que algo funcione, de ahí que pueda afirmar y confirmar que eres imposible, lo eres todo.

Hilo rojo

¿Cómo pudieron dejarse ir? Nadie lo supo. De hecho, a día de hoy, nadie lo sabe. Se soltaron mutuamente, quizás uno soltó la mano antes, mucho antes. Los dos querían robarse el corazón, el uno al otro, pero lo querían para fines bien distintos. Ella acabó desbordada, llegó a robar su piel, o al menos el recuerdo de la misma. Él se conformó con robar su razón, tarea mucho más sencilla, y sin tener que mancharse las manos, eso siempre es un alivio. Podéis suponer quién lo pasó peor, igual que podéis suponer quién es más fuerte y quién se ha curtido en más batallas, mil y una, para ser más exactos. La última la más dura de todas, sin duda.
- Él lo pasará mal,"todo lo que sube, baja" - le decían para consolarla. Y esta vez, para calmarla y hacer que el tiempo actuase de escudo e hiciese olvidar, le decían verdades. No era tiempo de escuchar mentiras, ya había escuchado varias de esas cuando se empeñaba en llegar a buen puerto con la persona equivocada.
¿Y ella? Os preguntaréis. ¿Qué fue de ella? ¿Lo siguió pasando mal?
A ella, amigos, le había llegado su turno.

Podéis suponer quién es ahora la feliz; con un nuevo corazón, nueva piel, y nueva, renovada y sana razón. Y quién, sin embargo, busca todo lo que un día robó y dejó tirado por ahí.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Como siempre

Hoy he leído un texto de todo menos simple, igual que su autora. Y me ha hecho pensar, que es lo que se supone que tienes que hacer cuando lees algo interesante (de todo menos simple, repito).
Voy a usar la primera persona de una forma, quizás, abusiva, pero es necesario. Ya habrá escritos donde escoja el plural de modestia, este no es el caso.
¿Yo sería la misma persona si no hubiese nacido en Madrid? ¿Sería la misma persona si en vez de pertenecer a la generación de los 90 perteneciese a la de los 60? Claramente, no. Por supuesto que no, ¿verdad? Para empezar, el hecho de nacer en Madrid te obliga, y acierto al utilizar esta palabra, a comerte el mundo, o al menos intentarlo. A sentirte segura de ti misma; Madrid es una ciudad que, o la comes, o te come. Sobre mi generación; soy de los 90, una década en la que la democracia, supuestamente, está más que asentada en nuestra sociedad, en la forma de vivir...en todos los planos, tanto económicos como sociales. Soy de la generación de Ana y los Siete, de ver las últimas películas de Disney que se hicieron de calidad y sin un contexto malintencionado de fondo. Soy de las que, desde los 10 a los 14 años veía H2o y soñaba con tener la moto rosa que tenía Zoey 101.
Somos de donde nacemos y de la familia a la que pertenecemos. Somos un cúmulo de carácteres, pensamientos y deseos. Somos puros gustos, racionales e irracionales. Simplemente, somos.

Así que, querida L. , sólo me queda decirte que tienes toda la razón, como el título de este mismo post.

lunes, 22 de agosto de 2016

Os observo desde mi nube

Nada. Hoy parece que el mundo no quiere que duerma.
Podría hablar de amores (sí, otra vez) intermitentes, amores inolvidables, amores perdonables y amores que son las 3 cosas a la vez, pero no. Hoy me llama más la atención la felicidad y el bienestar. Esa sensación de estar en una nube, algo que, para ser justos, parece incomodar dado que te incita a adoptar una actitud, permitidme el vulgarismo, de "pasota". 100 cosas de golpe pierden importancia - nunca antes merecida- y otras 10 cosas cobran lo mismo, importancia. Tu prioridad es volver a casa y tener unos brazos que te rodeen y te aporten cariño, unos labios que te digan "quédate". Pero no unos labios cualesquiera, no hablo de los que se encuentran en la basura. Hablo de labios sinceros, de esos que para abrirse han tenido que ser cerrados antes miles y miles de veces. Felicidad y bienestar, que no son lo mismo pero juntos consiguen que tengamos la sensación de ser imparables, tocando el cielo casi con las manos y deseando que pasen los días para seguir viviendo lo mismo una y otra vez, aunque sepamos que esos días no vuelven, pero gracias a ti, se mantienen en el tiempo.

Si tú supieras

Para ti cuando ya no estés aquí.


Quién lo diría. Las noches que tú no dormías, yo no dormía. No eras el único que sufría, yo desde el anonimato te acompañaba, igual que te he acompañado desde que tengo uso de razón, siguiendo tus pasos, sabiendo que me acompañarás, para ser justos, siempre. Han sido muchas las horas que he pasado escuchando en silencio cómo te ibas apagando, viendo cómo sacabas ganas de vivir hasta debajo de las piedras. Demasiadas noches escuchando tus quejidos, justificados todos ellos. Qué largas son las noches, ¿verdad, abuelo? Supongo que hay cosas que no se pueden forzar; cuando uno se tiene que ir, simplemente se va. Sé que cuando te vayas, seré fuerte, tú me has enseñado a serlo. Me llevaré en el bolsillo todos y cada uno de los consejos que me has ido dando diariamente, se dice pronto. Sé que cuando te vayas una parte de mí también se irá y se apagará, pero otra aún más fuerte brillará como no ha brillado nunca, con mucha fuerza, tu fuerza, esa que vino al mundo un frío 5 de noviembre de 1928.
Me entra ansiedad sólo de pensarlo, pero así tiene que ser; tú conmigo siempre, estés o no estés.