jueves, 25 de agosto de 2016

Hilo rojo

¿Cómo pudieron dejarse ir? Nadie lo supo. De hecho, a día de hoy, nadie lo sabe. Se soltaron mutuamente, quizás uno soltó la mano antes, mucho antes. Los dos querían robarse el corazón, el uno al otro, pero lo querían para fines bien distintos. Ella acabó desbordada, llegó a robar su piel, o al menos el recuerdo de la misma. Él se conformó con robar su razón, tarea mucho más sencilla, y sin tener que mancharse las manos, eso siempre es un alivio. Podéis suponer quién lo pasó peor, igual que podéis suponer quién es más fuerte y quién se ha curtido en más batallas, mil y una, para ser más exactos. La última la más dura de todas, sin duda.
- Él lo pasará mal,"todo lo que sube, baja" - le decían para consolarla. Y esta vez, para calmarla y hacer que el tiempo actuase de escudo e hiciese olvidar, le decían verdades. No era tiempo de escuchar mentiras, ya había escuchado varias de esas cuando se empeñaba en llegar a buen puerto con la persona equivocada.
¿Y ella? Os preguntaréis. ¿Qué fue de ella? ¿Lo siguió pasando mal?
A ella, amigos, le había llegado su turno.

Podéis suponer quién es ahora la feliz; con un nuevo corazón, nueva piel, y nueva, renovada y sana razón. Y quién, sin embargo, busca todo lo que un día robó y dejó tirado por ahí.

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