Para ti cuando ya no estés aquí.
Quién lo diría. Las noches que tú no dormías, yo no dormía. No eras el único que sufría, yo desde el anonimato te acompañaba, igual que te he acompañado desde que tengo uso de razón, siguiendo tus pasos, sabiendo que me acompañarás, para ser justos, siempre. Han sido muchas las horas que he pasado escuchando en silencio cómo te ibas apagando, viendo cómo sacabas ganas de vivir hasta debajo de las piedras. Demasiadas noches escuchando tus quejidos, justificados todos ellos. Qué largas son las noches, ¿verdad, abuelo? Supongo que hay cosas que no se pueden forzar; cuando uno se tiene que ir, simplemente se va. Sé que cuando te vayas, seré fuerte, tú me has enseñado a serlo. Me llevaré en el bolsillo todos y cada uno de los consejos que me has ido dando diariamente, se dice pronto. Sé que cuando te vayas una parte de mí también se irá y se apagará, pero otra aún más fuerte brillará como no ha brillado nunca, con mucha fuerza, tu fuerza, esa que vino al mundo un frío 5 de noviembre de 1928.
Me entra ansiedad sólo de pensarlo, pero así tiene que ser; tú conmigo siempre, estés o no estés.
No hay comentarios:
Publicar un comentario